Prólogo ︎

Cover Image ︎
“Create More” Collage,
CreateLab 2022

Premio Ramiro Lagos, 2022
Presentation
Primer Premio | 1st Prize
Segundo Premio | 2nd Prize
Premio de traducción | Translation Prize

Imágenes | Images 
Christian Báchez, ’23
Ari Herrera, ’22
Dora Calva, ’22
Grace Hoelscher, ’22

Fotografía | Photos
Stephen DiRado (Clark University)
⟩ Bell Pond Photos
⟩ Across-the-Table Photos

Ficción | Fiction
Juan Andrés Ercoli (Argentina)
Priscila Ponce Jovel, ’22
Paige St. Lawrence, ’22
Juliana Tronsky, ’22

Reflexiones | Reflections
Diego Avalos, ’26
Borges y nosotros: 
⟩  Diana Chávez Cruz | Mallory Doyle | María Alejandra Méndez | Mario Oliva | Erin Trask

Poesía | Poetry
Tiffany Céspedes,’26
Henrry Ibáñez (Perú)
Fernanda Pérez-Álvarez, ’24
Fiona Willette, ’24

Lecturas creativas (Assumption University)
Introduction | Maryanne Leone
Victoria Freitas, ’23
Madelynn Johnson, ’22
Tasneem Mohommed, ’23
Leah Scontras, ’23

Microcuentos
Anna Dailey, ’25
Samantha Fersobe, ’22
Amy Inestroza, ’25
Ruth López Espinoza, ’25

Agradecimientos | Thanks

Equipo editorial

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Mark
Juliana Tronsky, ’22

Una mentirosa honesta

Mi amor,

Las personas dicen que estamos compuestos por todas las personas que hemos conocido en nuestras vidas. Uso las palabras coloquiales de mi mejor amigo. Mi bebida favorita es un brebaje de un hombre que conocí por solo unas horas en un bar. Y mi sonrisa es de ti. Nunca sonreí antes de que te conociera. Suena extraño, pero es la verdad. Estoy en deuda contigo. Y es por esto que estoy sobre todo triste de causarte tanto daño a ti. Si pudiera escoger eliminar tu daño o ganar mi libertad, escogería salvarte a ti. Sé que una carta no es suficiente para borrar todo lo que he hecho. Pero si me permites explicar, espero que veas lo que ha pasado.

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Es verdad que antes de todo, soy una estafadora. No es algo de lo que estoy orgullosa, pero necesito ser honesta. Nuestra relación empezó como todas las otras. Puedo recordarlo como si fuera ayer. Estoy sentada en un café pequeño en la mesa más cerca de la puerta, y el sol brilla por las ventanas. Tengo un té que no bebo, un hilo de vapor subiendo lentamente al cielo. Pero no estoy enfocada en mi bebida. Toda mi atención está concentrada en el hombre sentado al lado del mostrador, en ti. Tienes zapatos tan brillantes que mis ojos casi duelen, pelo negro cepillado cuidadosamente con gel, y ojos marrones con un guiño de travesura. Por supuesto, la primera cosa de la que me doy cuenta es la riqueza en tu apariencia. Es obvio que tienes dinero, y no te importa si todas las personas del mundo lo saben. Y la más importante: no tienes un anillo de matrimonio en el dedo. Eres la persona perfecta para engañar. Debe ser como todas las otras estafas en que participé. Pero debajo de esta superficie, no puedo negar el magnetismo que siento. No por tu dinero o apariencia. Lo siento por la manera en que pasas las páginas del periódico que lees, por las arrugas al lado de tu boca que solo aparecen cuando ríes. No es algo que puedo explicar. Pero es la razón que romperá todas mis reglas de sobrevivencia.
    No se puede sobrevivir como estafadora sin tener reglas para sí misma. Un tipo de código que evita vínculos o emociones con alguien. Y cuando me presento a ti, no sé por qué rompo mi primera regla: nunca revelas tu propio nombre. No es decisión consciente. Pero cuando abro mi boca, digo:
    —Hola, me llamo Luisa —sin pensarlo.
    —Luisa —repites, y parece que has encontrado tu nueva palabra favorita. —Nunca te he visto antes en este café. Te hubiera recordado.
    Y de repente, soy tuyo. Pero todavía no lo sé.
    —Por favor, siéntate. Pide algo, invito yo.
No sé el resto de esta conversación, solo la manera en que me miras mientras hablo. Tus ojos nunca abandonan mi cara. Ni cuando pagas por nuestro café o abres la puerta para mí. Y cuando me preguntas por otra cita, no hay vacilación cuando digo:
    —Sí.
    Esto no es parte del plan. Porque lo que no sabes es que durante nuestra conversación, robé tu cartera. Luego, habrá encontrado toda la información de ti, tu nombre, tus cuentas bancarias. Es una estafa simple y pequeña, especialmente para mí, pero todavía debo correr rápido y lejos y no mirar atrás. Esta es la segunda regla de sobrevivencia: cuando se tiene el dinero, se huye. Nunca forma vínculos o raíces. Pero tu sonrisa tan bonita es algo que no puedo resistir.
    Quedamos en una cita para el próximo día en el parque. Y cuando te abrazo, pongo la cartera en tu bolsillo. Tal vez haya razón por la que he hecho esto, pienso. Tal vez sea posible alcanzar un deseo que nunca me he permitido considerar.

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Los próximos meses pasan como un sueño. Vamos al parque, al cine, a la playa. Una galería de arte llena de vidrio soplado en forma de orbes que bailan en el aire. Un mercado al aire libre en el que comemos más pan dulce que en nuestras dos vidas combinadas. Al principio, todavía tengo mis estafas, siempre pequeñas. Un reloj muy caro o unas joyas preciosas. Pero poco a poco me olvido de esto. Estamos juntos casi todo el tiempo, y realmente no tengo tiempo para hacer otras cosas. Vivo con el dinero secreto que he ahorrado y la amabilidad que me muestras. Parece mágico, como una fantasía o película.
    Un día tomas mi mano en la tuya y me preguntas:
    —¿Quieres vivir juntos?
    Me sorprende; solo nos hemos conocido por cinco meses, pero está claro que ya hay un amor muy fuerte entre nosotros. La verdad es que no tengo dinero suficiente para estar sola por mucho más tiempo. Y es algo bueno para una pareja, ¿sí?
    —Sí, por supuesto sí —respondo con verdadera alegría. Corremos a casa sonriendo en el aire frígido. Me llevas a través del umbral como una princesa, y estoy seguro de que he tomado la decisión correcta. Es una ruta de mi vida que nunca he imaginado, y no sé a qué fuerza del universo debo dar mis gracias.
    Cuando finalmente me pones al suelo, dices:
    —Tengo solo una pregunta más—. Bajas al suelo y tomas un anillo del bolsillo de tu chaqueta. Puedo ver la manera en que tus manos tiemblan:
    —¿Te casarías conmigo?
    Sé que esta decisión es la última que me queda. Puedo dejar esta vida, esta ilusión de felicidad y amor que he creado, o puedo abrazarlo completamente. Se siente como una decisión irrevocable. Estoy congelada con mis manos cubriendo mi boca. Pero me enfoco en tu sonrisa confiada, tus ojos familiares que conocen casi cada parte de mi alma. Puedo ver tu esperanza, y el momento en que empiezas a dudar de mi respuesta. No quiero ser la causa de tu falta de sonrisa, y por eso, mi decisión es clara.
    —Sí, mi amor. Mil veces, sí. —Tu cara se enciende con una luz fantástica, una señal que llega a mi corazón. Pones el anillo en mi dedo, y no es sorpresa que sea perfecto. Tiene tres piedras en un diseño sencillo pero exactamente en mi estilo.
    —Ay, necesitamos una foto del momento más feliz de nuestras vidas —dices. Y aquí está, la regla final, la regla que empieza un efecto de dominós: nunca, nunca dejar alguna evidencia de su presencia. Parece imposible que una fotografía tenga el poder de alterar una vida de manera tan grande, pero así lo es. 

︎

Estamos sentados en la mesa, bebemos chocolate caliente. Es un día de invierno frío y oscuro, y estamos escondidos en nuestra casa tan perfecta. Hay decoraciones de navidad encima de la chimenea y unos regalos debajo del árbol. El cuarto brilla con luces pequeñas en cada superficie, nuestro propio mundo. Miro al vapor subiendo al aire, un recuerdo de la primera vez que nos conocíamos en el café. No es posible que haya algo que pueda romper ese momento.
    —Dios mío, olvidé contarte. Sé que no te gustan las sorpresas, pero no pude resistir. Nuestro anuncio de matrimonio ha sido publicado hoy en las noticias. ¿Cómo sé ve? —preguntas.
    Puedo sentir mi cara drenándose de sangre, y empiezo a ahogarme con un sorbo de chocolate caliente. Aquí estamos, sonriendo en negro en blanco en las páginas del periódico. Nuestros ojos casi están cerrados por nuestras sonrisas tan grandes. No hay color, pero sé que mis mejillas tienen un rubor rojo parecido al gorro que estás llevando. Es una foto muy bonita, pero significa mi ruina.
    —Luisa, ¿estás bien? Olvidarte cómo beber? —te burlas.
Solo puedo mirar la foto en tus manos en silencio.
    Finalmente encuentro mi voz para decir:
    —Sí, sí estoy bien. Solo que estoy demasiado feliz para encontrar palabras.
    Pero sé que no suena convincente. Ya estoy enfocado en cómo puedo escapar antes de que la policía llegue. Si tengo días, horas, o minutos para prepararme, no sé.
    —Bueno. Pues, pareces como alguien que necesita mirar una película y relajarse un poco. ¿Cómo suena? —Asiento con la cabeza pero todavía no puedo entender lo que estás diciendo, cómo pasa esto. Caminamos a la sala y pones algo en la tele. Es algo romántico y un poco cursi, el tipo de película que usualmente me hace reír, pero insistes en que es una historia de amor fantástico. Ah, mi amor, como deseo vivir en este tipo de momento para siempre. Pero ahora estoy imaginando cada escenario horrible que puede pasar y cómo puedo escapar.
    Suena un golpe en la puerta.
    —¿Quién es? —gritas en voz alta sin moverte del sofá. Pero ya sé cuál va a ser la respuesta, ya sé lo que está pasando. Solo quiero quedarme en nuestro mundo por unos momentos más antes de que necesite romper tu corazón.
    —Policía, por favor abra la puerta —dice la voz.
Sé que tengo solo unos segundos para actuar. Empiezas a moverte para abrir la puerta, y no puedo pararte.
    —Perdóname, por favor, perdóname —digo mientras corro del cuarto. Paso por la puerta trasera en la noche fría, con lágrimas en mi cara por ser tan estúpida. ¿Cómo podía convencerme de que podría escapar del pasado? Por suerte, todavía tengo una bolsa escondida para emergencias a pocos minutos desde nuestra casa. Los únicos sonidos en la noche son mis pies en la calle y el corazón traicionero en mi pecho. Y solo puedo pensar en tu cara, llena de confusión y dolor luego de que salí corriendo de nuestra vida demasiada perfecta.
    Pues, ves que si no me hubiera enamorado de ti, todavía tendría mi libertad. Desde esta noche he estado viviendo en calles y callejones. No puedo pasar por algún escaparate sin ver mi cara. No es decir que es culpa tuya, por supuesto. Solo es el precio del amor, el cual pago felizmente. No tengo esperanzas o ilusiones. Sé que tienes una vida propia y no necesitas ayudarme. Pero sí nuestro tiempo juntos ha tenido algún impacto en ti, espero que leas esta carta y decidas que todavía hay un futuro posible para nosotros. Necesito salir del país muy pronto, y quiero que me acompañes. Estaré en el aeropuerto esta noche a las diez. Por favor no compartas esto con nadie, estoy depositando mi confianza en ti.
    Por lo menos, ahora sabes todo. Has visto desde mis propios ojos cómo me he convertido de estafadora en amante. Si fuera tú, no me creería tampoco. Es verdad que nuestro cuento empezó como mentira. Pero ¿no es verdad que todos somos mentirosos al principio, escogiendo los pedazos de nuestras almas que queremos compartir? Y después de todo, no hay alguien más fiable que una mentirosa cuyos secretos conocen.
   
    ¿Qué dices? ¿Me crees?

    Con todo mi amor,


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