La fuga
En un campo de tierra que cortaba, bajo un cielo brillante que no quemaba los ojos, la luz iluminaba su mirada neutra. Ella corría con su mundo, pensando en lo que iba a pasar.
En la madrugada, despertó a su hija —Hija, tenemos que mudarnos de casa —dijo.
—¿Pero por qué? —dijo su hija chiquita.
—Luego te digo, por ahorita solo obedéceme y te compro un helado —dijo con ternura.
—Ok.
Ella y su hija caminaron; minutos se convirtieron en horas, y horas en días. La hija caminaba con su helado y la mamá sostenía a su hija con la fuerza del mundo.
—¿Ya mero llegamos, Ma?
—Ya mero, hija.
De repente escuchó sirenas que nunca había escuchado. Ella apretó la mano de su hija y empezaron a correr. Días se convirtieron en horas, horas en minutos, y minutos en los últimos segundos de sus vidas.
