Última parada
El autobús se sacudía a cada momento. Era uno de los días más miserables de la ciudad. La humedad era insufrible, la misma humedad que sólo se puede experimentar en pleno verano, pesado y caluroso.
Acurrucada en el fondo del vehículo, la chica miraba pasar los lugares a través de la ventana. Cada calle despertaba un recuerdo de su infancia. Sonrió para sí misma.
—¡Próxima parada, Cermak! —anunció el conductor por el altavoz entrecortado.
La sonrisa se desvaneció al instante. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas al ver a otros pasajeros bajarse en la que siempre había sido su parada. Ya nunca podría regresar con su familia. No después de lo que acababa de hacer.
