Prólogo ︎
Daniel Frost
Dora Calva, ’22
Ashley Rodríguez Lantigua, ’23
Judy Powell

Espacio literario
Juan Andrés Ercoli
Fátima Oseida, ’20
Teresa Gervais, ’20
Anónimo
Stephanie Alcántar
Paola Cadena Pardo

Espacio visual
Michael Beatty
Carmen Taraodo Abril
Claudia Dávila, ’20
Shea O’Scannlain, ’22
Study Abroad Photo Contest
The Getty Challenge

Espacio teatral
Vanessa Attaya, ’22
Manny Álvarez, ’20

Espacio pedagógico
Spanish 406
Montserrat 105G

Espacio reflexivo
Isabelle Jenkins
Hanna Benson ’20
Dora Calva ’22
Katie Kelsh ’20

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Mark
Anónimo
El punto de no retorno

Quiero follarle. La miro morder la tapa de su bolígrafo y mis manos son el único medio de mantener a raya mi atracción a ella. Juego con mis aretes, pelo la pintura de mis uñas, arreglo mi mascara – cualquier ocupación que me prohíba extenderme sobre la mesa y besarle. Ella está en su mundo, mirando por la ventana e ignorando al profesor. El sol vespertino destella de sus gafas, cegándome. Yo también ignoro al profesor. No puedo concentrarme con sus labios enfrente de mí, al otro lado del aula, jugando con este afortunado bolígrafo. Quiero preguntarle al bolígrafo cómo es. ¿Cómo es ser la única ocupación de estos labios? ¿Te sientes realizado? ¿Querido? Imagino que yo perdería el control si fuera ese bolígrafo. Nunca quisiera irme de tal paraíso exquisito.

Ella se despierta de su trance primero. —¿Qué opinas Maggie? —El profesor espera su respuesta. Maggie se aclara la garganta y mi trance se profundiza. Me di cuenta de que quería besarle por primera vez cuando ella levantó la mano un día y, después de aclararse la garganta, lanzó de su crítica de la ausencia de escritoras mujeres en el syllabus de nuestro profesor. De un tirón, su voz destrozó mi mundo, mi cómodo, heterosexual, completamente ordinario mundo, y lo reemplazó con puro caos y neurosis. La caja abierta de Pandora. Aquel día es la última página de apuntes que tengo. Quedé embelesada desde aquel momento.

Me di cuenta de que quería follarle cuando desperté sudando esa misma noche. En el sueño ella y yo estábamos en mi cama, después del sexo, piernas envueltas unas entre las otras, yo acariciando el lado de su cara, dándole besitos en su nariz, cuando mi novio Jack abrió la puerta. Me desperté en medio de los gritos de Jack: «¡¿Qué es esto?! ¿Te gustan las mujeres? ¿Cómo puedes hacérmelo?» El sueño rápidamente se convirtió en una pesadilla.

Trato de redirigir mi atención al profesor, pero ha acabado su lección. Maggie ya está por la puerta. Empiezo mi cuenta regresiva hasta la próxima clase.

•  •  •


—¿Cómo estuvo tu clase? —Jack me da un besito en la mejilla. La rugosidad de su barba me rasca. Sus labios están agrietados. Hago muecas y me doy la vuelta.

—¿Qué te pasa? —Cada fibra de mi cuerpo quiere que yo responda con una palabra: ‘Maggie’. Su nombre hace eco entre los huecos de mi mente. Es la canción atascada en mi cabeza. La otra noche, estaba en mi estudio tarde, envuelta en mi dibujo, lo que comencé con la intención de crear un autorretrato como mi profesora asignó, y cuando recuperé la conciencia, la cara de Maggie apareció en el papel. Mis mejillas se enrojecieron y, como rápido que podía, lo doblé y lo escondí en el cajón de mi escritorio. No quise que Jack lo encontrara, pero no pude tirarlo a la basura – capturé sus labios perfectamente.

—Nada. Solo estoy cansada. —Pauso y levanto mi cabeza para encontrarme con sus ojos. No tiene ninguna idea. Nunca le engañaría, pero no puedo aguantar esta culpa asfixiante. ¿Le quiero todavía? Suspiro y sacudo mi cabeza. Finjo una sonrisa y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello. Tengo que pararme de puntillas para alcanzarle y casi pierdo mi equilibrio. Sus manos en mi cintura me acercan y me estabilizan—. Lo siento, estaba en mi mundo. ¿Qué hacemos esta noche?

•  •  •


Hoy llueve. Maggie llega a clase empapada, llevando una camiseta blanca debajo de su chaqueta. Me pregunto si se da cuenta de cómo la tela transparente se pega a su cintura, y que revela el encaje negro debajo. Mi corazón palpitante me dice que no iba a prestar ninguna atención a esta clase.

Tomo mi sitio de siempre, frente a la ventana y que mira al suyo. Me siento, arreglo mi cuaderno y bolígrafo (aunque no tengo ninguna intención de usarlos), aliso mi pelo y levanto mi cabeza, esperando a Maggie al otro lado. No está ahí y decepción me aplasta. Ella tomó un asiento a mi derecha, fuera de mi línea de visión. En su lugar es un jugador de hockey cuya única fuente de proteína hay ser moscas porque cada clase él está sentado con una boca abierta y una mirada vacía. ¿Así me veo cuando miro a Maggie? Probablemente.

No puedo verla, pero una vez lanzo una mirada y el encaje negro se encuentra mi mirada. Imagino lo que está debajo del encaje. Empiezo a sudar. Espero que nadie en esta clase tenga el poder de leer la mente de alguien.

Repaso las varias fantasías he construido sobre Maggie y yo. Hay una en que, por fin, me armo de valor para presentarme con ella. Imagino que estamos en una fiesta y la veo desde el otro lado del cuarto, como en las películas. Le acerco y nos miramos al mismo tiempo. Su sonrisa me dice que ella también me desea, que soy la canción atascada en sucabeza. Le pregunto sobre su sudadera que tiene un chiste irónico, ella trata de impresionarme con su ingenio. Pasamos el resto de la noche juntas, encantadas. Cuenta sobre su familia homofóbica, admito que ella es la primera mujer que me ha gustado. Aprendo de su obsesión con Fleetwood Mac y El juego de tronos. Le muestro mi arte. No podemos borrar las sonrisas de nuestras caras. Vamos a mi apartamento, pongo ‘Never Going Back Again’, y le beso. Vivimos felices para siempre.

Tengo fantasías más explicitas, también.

En ninguna fantasía existe Jack. Esta vez no va a interrumpir el sueño.

El profesor me llama. Aturdida, pido perdón y que repita la pregunta. —¿Te gustaría compartirnos lo que hay de Maggie que sea más importante que la lección?

Creo que mis mejillas inventan un nuevo tono de rojo. Tartamudeo, incapaz de responderle, logro una disculpa, y el profesor sigue la perorata. No puedo levantar mis ojos de mi cuaderno. Siento sus ojos no me sueltan a mí, pero no puedo confrontarla. Cuando el profesor termina su lección, me voy de la clase lo más rápidamente que puedo. Parece que mis fantasías no son tan factibles que había pensado.

•  •  •


Hoy es nuestro tercer aniversario. Casi lo olvidé, pero anoche, Jack me sorprendió en mi estudio con flores y un regalo. «No pude esperar. Quería darte su reglo antes que tú. Ábrelo». Era un collar que tiene un pequeñito corazón de oro. Muy de moda. Pensaba que alguna vez le había mencionado que prefiero joyas de plata.

—No tenías que hacerlo. Me encanta. —Empujé mi pelo a un lado para que me ayudara pónmelo. Era demasiado pequeño para mi cuello. Casi me ahogó. Jack tenía mucha vergüenza. Traté de asegurarle que siempre podemos alargarlo, pero no ayudó.

Esta noche, envuelvo el collar sobre mi muñeca y lo llevo como una pulsera para nuestra cita. Le regalo una cena después de mi collar. No le había comprado nada y tuve que pensar en algo de inmediato.

—¿Estás lista?

—Solo necesito cinco minutos más. —Puedo oír su suspiro. Él quería que lo oyera. No le gusta llegar tarde, especialmente porque estaba maquillándome o hurgando en mi armario. Esta vez es porque me estoy rizando el pelo. Cree que soy ‘vanidosa’ y  que me veo mejor ‘natural’. Dejo el último rizo caer, me echo un poco más perfume y voy para encontrarme con Jack—. Lista.

Toma mi mano mientras caminamos hacia su coche. Ya está oscuro y no puedo ver la persona que se nos acerca hasta que la luz de la luna destella de sus gafas y sé exactamente quién es. No decimos nada cuando pasamos a Maggie, pero ella y yo nos miramos. Ella me sonríe. Dejo caer la mano de Jack. No quiere que sienta lo sudorosas que mis manos están.

—¿Quién es ella?

Me encojo los hombros.

—No lo sé.

•  •  •


Me voy para andar por el campus. Normalmente no soy el tipo de persona que da un paseo por capricho. Jack siempre me ruega que dé un paseo consigo, pero nunca lo hago. Le molesta mucho que no compartimos el mismo sed de la aventura. Me dice que soy demasiado inflexible. Si solo supiera. Normalmente no tengo tanto espíritu viajero, pero no me he sentido normal desde hace mucho tiempo, desde que ella.

Deambulo sin destino. Estoy perdida en mi mente, flotando inconscientemente. Mi corazón se ha tirado en millones de direcciones, pero una ola de paz, de aceptación con esta nueva realidad, me inunda. He aprendido de vivir con este caos, como una especie del síndrome de Estocolmo. Pienso que soy masoquista, anhelando locura y profundo sufrimiento mental. De repente me encuentro a la entrada del bosque a las afueras de campus. Continuo en el camino frecuentado por los porreros y la veo a ella, a Maggie, sentada sobre una roca. La paz se esfuma y la ansiedad toma su lugar.

No sé cómo mi corazón todavía está dentro mi pecho. No me ve, gracias a Dios. Maggie. Recuerdo mi dibujo de sus labios. Recuerdo mi sueño. Recuerdo el encaje negro debajo de su camiseta blanca, mojada y ajustada. Recuerdo cómo ella me sonrío y me derretí. Voy a hacerlo. Voy a presentarme, coquetear con ella. Voy a besarla, enamorarme con ella, hacerla volverse loca. Voy a dejar a Jack.

¿Cómo voy a dejar a Jack, a mi mejor amigo? Los últimos tres años corre por mi mente como una película. Revivo la primera vez que nos conocimos, la primera vez que tuvimos sexo, la primera vez que tuvimos buen sexo. Oigo nuestras primeras ‘te quiero’s y todas las conversaciones con mis amigas, segura de que iba a casarme con él. Recuerdo el sentido de seguridad me había dado, el sentimiento de que todas las estrellas han alineado, que él es mi alma gemelo, mi todo.

Y entonces veo a Maggie, con sus labios suaves, femeninos. ¿Es amor o es lujuria? Sé que el momento que por fin hable con ella, mi vida con Jack va a acabar. El camino con Maggie es solo de ida. No podría volver.

Cierro los ojos. Inspiro y exhalo. Reencuentro la paz. Sé lo que tengo que hacer.

Camino hacia ella. Levanta su cabeza y me pierdo en sus ojos. Tienen más verde que había pensado. Mis rodillas no dejan de temblar.

—Estás en mi clase con el Profe Smith, ¿no?

—Y eres la chica que me mira toda la clase, ¿no?

Sonrío. —Soy Grace.

—Maggie.

—Lo sé.

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